Al final, no murió con el invierno; despertó convertido en primavera.
—¿Por qué tenemos que irnos cuando el mundo se pone más bonito? —le preguntó un día a un viejo pino. Г‰rase una vez un muГ±eco de nieve
No era un muñeco común; tenía una bufanda de lana roja que le daba un aire de aventurero y una zanahoria por nariz un poco chueca, lo que le confería una expresión de constante duda. Había escuchado historias de los gorriones sobre praderas verdes y flores de colores, y se negaba a creer que su destino fuera simplemente convertirse en un charco de agua sobre el asfalto. Al final, no murió con el invierno; despertó